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Cómo tomar polen de abeja: cantidad, momento del día y precauciones

Polen de abeja recién recolectado en el colmenar de Montes de Granadilla

El polen es probablemente el producto de la colmena que más gente compra sin saber muy bien qué hacer con él después. El tarro acaba en la despensa, se usa dos veces y se olvida. Esta guía es para que eso no pase.

Qué es exactamente

El polen que vendemos son las bolitas que las abejas forman con el polen de las flores y transportan hasta la colmena en las patas traseras. Nosotros lo recogemos con una trampa colocada a la entrada, dejando siempre a la colmena el que necesita para alimentar a las crías, y lo secamos a baja temperatura.

Si abres el tarro verás granos de colores distintos: amarillos, naranjas, ocres, algunos casi negros. Cada tono corresponde a una flor diferente. Un polen de un solo color uniforme suele venir de una única plantación; el nuestro es variado porque las abejas trabajan en monte abierto.

Cuánto tomar al día

Para un adulto, lo habitual es una o dos cucharaditas al día, unos 10–20 gramos. No hace falta más, y tomar mucho de golpe no acelera nada.

Si es tu primera vez, conviene empezar con muy poco: media cucharadita durante los primeros tres o cuatro días, y a partir de ahí ir subiendo. Dos motivos. El primero es que permite detectar pronto cualquier mala reacción. El segundo, más prosaico, es que a algunas personas les sienta pesado al principio, sobre todo si lo toman en ayunas y de golpe.

Con el tarro de 250 g y una cucharadita diaria tienes para unos dos meses largos. El de 500 g cubre casi medio año.

En qué momento

Por la mañana, con el desayuno. No porque tenga propiedades distintas a otras horas, sino porque es cuando resulta más fácil no olvidarse, y porque mucha gente nota que le sienta mejor acompañado de comida que con el estómago vacío.

Si lo tomas por su aporte energético antes de entrenar, media hora antes es un buen momento.

Cómo tomarlo sin que se haga cuesta arriba

Solo, dejando que los granos se ablanden unos minutos en la boca, es la forma más directa, pero el sabor no es para todo el mundo: es ligeramente amargo y la textura seca resulta rara al principio.

Formas que funcionan mejor:

  • En yogur, dejándolo reposar cinco minutos para que se ablande.
  • Con miel. Es la combinación clásica: una cucharadita de polen mezclada en miel de mil flores corrige el amargor por completo.
  • En el batido de fruta o de avena, donde pasa desapercibido.
  • Sobre la tostada, encima de la miel para que se quede pegado.

Lo que no recomendamos es echarlo en líquidos muy calientes ni cocinarlo. No es que se vuelva peligroso, pero pierde parte de lo que lo hace interesante.

Quién no debería tomarlo

Aquí conviene ser claro:

  • Personas alérgicas al polen, a la miel o a las picaduras de abeja. Consulta con tu médico antes, sin excepción.
  • Menores de un año, igual que ocurre con la miel.
  • Si tomas medicación de forma habitual, estás embarazada o en periodo de lactancia, pregunta a tu médico. No porque haya un problema conocido, sino porque esa consulta no cuesta nada.

El polen es un alimento, no un medicamento. Complementa una dieta; no sustituye a nada ni cura nada.

Cómo guardarlo

En un lugar fresco, seco y sin luz directa, con el tarro bien cerrado. Si vas a tardar meses en terminarlo, guárdalo en el frigorífico o incluso en el congelador: mantiene mejor el color y el aroma y no hace falta descongelarlo para usarlo.

El enemigo es la humedad. El polen la absorbe con facilidad y entonces se apelmaza en un bloque. Nunca metas una cuchara mojada en el tarro.

En resumen

Una o dos cucharaditas al día, por la mañana, empezando poco a poco, mejor acompañado que solo, y guardado en seco. No tiene más misterio.

Nuestro polen procede de las mismas cien colmenas que la miel, en Granadilla, y se envasa sin aditivos ni procesos industriales. Está disponible en tarro de 250 g y de 500 g.

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