La miel cruda no se comporta igual que la de supermercado: tiene más carácter, cristaliza antes y cambia de sabor según la cosecha. Eso significa que sacarle partido va un poco más allá de untarla en una tostada.
Para desayunar
Un yogur natural, unas tostadas, un porridge de avena o un batido de plátano admiten una cucharada perfectamente. Si quieres que se note el sabor floral, mejor añadirla al final, cuando el plato ya no está caliente: el calor apaga sus aromas.
En marinados y salsas
La miel combina bien con mostaza, limón o soja para marinar carnes o pescado, y también en vinagretas para ensaladas. Aquí es donde se nota la diferencia entre variedades: la miel de bosque, más intensa y menos dulce, aguanta mejor los sabores fuertes que la mil flores.
En repostería
Se puede sustituir parte del azúcar de una receta por miel (usa algo menos de cantidad, porque endulza más). Eso sí, si vas a hornear a temperatura alta, ten en cuenta que el calor le quita parte de los aromas que hacen especial a una miel sin pasteurizar: para nosotros tiene más sentido guardarla para lo que se toma frío o templado.
Como toque final
Un hilo de miel sobre queso curado o queso de cabra, sobre una ensalada con frutos secos, o en una infusión ya templada (nunca hirviendo) son formas sencillas de usarla donde más se aprecia su sabor.
Cuál elegir para cada uso
Como norma general: mil flores para todo lo dulce del día a día (yogures, repostería, infusiones), y bosque para lo salado y los marinados, donde su punto más intenso tiene más protagonismo. Puedes comparar las dos en la tienda.

